Los JJOO de Río han servido para retratar a la prensa deportiva como el reducto de Atapuerca, donde toda testosterona es insuficiente. Y no hablo del listo quepreguntó a Bolt si era del Madrid o del Barça, sino de algo peor: de machismo. Negación a la victoria de la mujer por sí misma. Y para muestra un botón.
Así cubrían la gloria (y se cubrían de gloria) los éxitos de muchas atletas en medios como As o El País.
Hay de todo. Mierda para escoger. El común denominador de las noticias es el siguiente: Noticia de un oro de deporte femenino y el nombre de un hombre. Esas comparaciones que siempre están ahí de manera casi inocente (o lo parece). No hay ni una de ellas que les de el 100% del titular a su victoria. El colmo es lo de Bisbal.
Asqueroso.
Y eso sin hablar de fútbol, que cuando empiece La Liga y El Chiringuito abra sus puertas ya iremos viendo.
La prensa deportiva ha convertido el deporte en un espectáculo digno de Sálvame mientras los deportistas se encuentran ajenos e impotentes.
La guerra está servida.







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